El suicidio es un ataque contra la propia vida del que lo realiza y es impune en nuestro Derecho, ya que es absurdo castigarlo puesto que si lo realiza con éxito, no se puede castigar a un muerto; y si no lo consigue, la sanción carece de sentido desde el punto de vista preventivo.

La vida, según el criterio de nuestros Abogados del delito de inducción al suicidio en Málaga es objeto de protección incluso frente a la voluntad de su titular, que no puede disponer sobre ella libremente y no está legitimado para autorizar a los demás a que lo maten. Cuando en la toma de decisión o la ejecución del suicidio intervienen terceras personas, la impunidad del suicida no afecta éstos, pues el art. 143 tipifica la participación en el suicidio.

Si el suicidio fuera consecuencia de una enfermedad mental o desarrollo patológico, la participación dolosa de un tercero, inductor, podría ser homicidio en autoría mediata. Cuando se trate de una persona adulta que decide suicidarse, la participación en esa decisión sólo puede castigarse si existe un precepto específico que lo disponga expresamente.

La muerte del suicida constituye la consumación de los delitos previstos en dicho artículo, y parte de la doctrina la considera condición objetiva de penalidad. Desde un punto de vista político-criminal no parece razonable esta restricción de la penalidad sólo a los casos en que se produce la muerte del suicida.

Según nuestros Abogados Penalistas Málaga, El delito de inducción al suicidio en Málaga (143.1): 4-8 años. La acción consiste en inducir o determinar a otra persona a que se suicide. Esta inducción ha de ser directa y eficaz, siendo indiferente el medio empleado.

Sujetos activo y pasivo puede ser cualquiera. El suicida debe decidir quitarse la vida a causa de la inducción y la voluntad debe ser libre y consciente, existiendo el homicidio o asesinato en autoría mediata cuando se aprovecha el erro de alguien (ej: Dar un veneno diciendo que es una bebida).

Las conductas tipificadas en el art. 143.1 se constituyen como conductas de participación en un hecho ajeno, el del suicida, que sigue teniendo el dominio del hecho. De ahí que se exija la imputabilidad psíquica en el suicida, aunque no siempre el inimputable es un instrumento en manos del inductor, por lo que no debe generalizarse. En el “doble suicidio” o los “pactos suicidas”, se castigará a aquellos que sobrevivan por inducción al suicidio del otro.

Cuando el factor desencadenante sea un motivo real (ej: el suicida tenía cáncer y el médico sabía que si se lo decía se suicidaría) puede haber un homicidio imprudente si se actúo contra la prudencia profesional (paciente depresivo), pero difícilmente participación en el suicidio. Sólo es posible la comisión dolosa, existiendo la inducción únicamente cuando el suicida haya sido intencionalmente inducido a darse muerte.